Me llena la melancolía.
Son ya 27 días que no escribo un poema: veintisiete días. Lo curioso es, que normalmente, cuando la fragancia melancólica
me perfuma, no puedo dejar de escribir. Mas ahora es todo lo contrario. No hay imágenes, sueños, ilusiones, fantasías, suspiros
que me canten melodías, palabras o canciones para escribir. ¿Será talvez que me he vuelto sordo? Pero, mi corazón palpita,
y aún sordo siento y vivo. No. No puede ser sordera. No que me compare --ni mucho menos-- pero Beethoven fué el sordo mas
apacionado que se ha conocido. La cosa es que no se que me pasa. Solía pasar todo el tiempo con la música de mi Musa, seduciéndome,
acariciandome, soplándome al oido para llevarme a la magia de la letra escrita. Pero ya no.
¿Donde estas, mi Musa? Yo se que a veces te he hecho enojar, ignorándote cuando me he encontrado ocupado, con el trabajo
o algún otro ábito cotidiano. Pero nunca ha sido por ignorarte. Porque ya no te siento a mi lado. Así como cuando jugabamos
a las escondidas, soñando con las veredas del bosque y el sonido de las cascadas a lo lejos, escondiéndonos bajo las flores
del prado, saltando de alegría y sorpresa al encontrarnos. No entiendo porque
ya no me visitas?
...Dios mío. Creo que me estoy volviendo loco. ¿O talvez, estaba loco, y ahora me he encontrado con la cordura. Talvez
ahora entiendo que la poesía solo son palabras que vuelan como mariposas, viviendo por un día o dos, para luego morir bajo
la realidad del tiempo y el frío. Talvez eso lo explique todo. Se me quitó lo loco. Por eso ya no puedo escribir poesía. Sin
locura, no hay poemas. La sangre de la poesía es el llanto del corazón humano que no encuentra respuesta a lo absurdo de la
vida, pero que en lugar de buscar consuelo en enfrentarse a la vida tal como es, se lanza a la locura para perderse en el
perfume de los sueños.
La melancolía me llena, y ya van a ser 28 días que no escribo un solo poema...
¿Y si le pasó algo a mi Musa? Habrá caido en algún barranco, bailando y corriendo en una noche sin luz de Luna? ¿O será
que mi corazón se torno frío, y ella perdió su alegría? La mate yo, talvez. O pueda ser que se dió cuenta que yo ya no podía
darle compañia. Talvez le aburrí. Talvez escucho otros pasos de poeta, a lo lejos, y me dió por perdido, o me abandonó sin
importarle nada mas que su innata necesidad de cantar, danzar y darle fragancia al mundo que la rodea.
Josué Alfonso.