Josué Alfonso: Arte, Poesía y Letras
Las Leyes de Inmigración No Tienen Corazón
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Las Leyes de Inmigración No Tienen Corazón

Las Leyes de Inmigación no tienen Corazón

Se habla mucho, y se escucha, de las leyes de inmigración en Estados Unidos. En la televisión nos presentan reportajes de propuestas de ley para renovar la llamada ley "245i"; en la radio escuchamos a llamados expertos debatiendo la posibilidad de una nueva legalización o "regularización" de las personas indocumentadas; en los periodicos leemos de las promesas que hacen los políticos para los Hispanos, ahora que se acercan las elecciónes federales. Sí, se habla y escucha mucho sobre leyes de inmigración; pero realmente se entiende poco de donde es que provienen estas leyes y como es que nos afectan a nosotros como miembros de las comunidades inmigrantes de Estados Unidos. ¿Quién escribe estas leyes? ¿Bajo que autoridad lo hacen? ¿Como se determina si una ley inmigratoria está fuera de lo permitido al violar los derechos mas básico y humanos de los inmigrantes?

La respuesta nos lleva primero a la Constitución de los Estados Unidos. En ella, el Congreso de la Unión tiene la autoridad plenaria y total de redactar leyes con respecto a la ciudadanía del país. Por lo tanto, de tal autoridad se deriva el poder para hacer las leyes que afectan a las personas que, no siendo ciudadanos del país, estan presentes aquí; o sea, los inmigrantes, tanto con documentos como sin documentos. El Congreso escribe las leyes que determinan quien puede entrar y vivir al país, y bajo que circumstancias. Y esta autoridad completa y no se puede cuestionar mas que en un número muy limitado de circumstancias.

A diferencia de otros tipos de leyes -como las leyes que afectan el derecho a votar o de libre expresión-las leyes redactadas por el Congreso con respecto a inmigración pueden justificarse siempre y cuando se pueda mostrar que se relacionan de una manera lógica a un fín legítimo del govierno. Por ejemplo, las leyes que prohiben el empleo a personas indocumentadas se justifican legalmente porque su propósito -según el Congreso de la Unión- es el de protejer los trabajos de aquellas personas que se encuentran "legalmente" en el país. Sea cierto o no, es lógico pensar así; y esto es suficiente para que tal ley sea considerada dentro de lo que la Constitución permite al Congreso hacer.

Es por esto que leyes que exigen la deportación de una persona que ha cometido cierto tipo de delitos se les considera constitucionales. Aún si la persona es un residente legal, con muchos años en el país, con esposa e hijos ciudadanos, con propiedades, con negocios propios, si se comite cierto tipo de crimen las leyes inmigratorias indican que tiene que salir del país deportado: punto. En estos casos, no hay "perdón", no hay excepciones. Si yo soy residente legal, y cometo un error de este tipo(como los ciudadanos también lo podemos hacer), no tengo derecho a apelar o a exigir que me den otra oportunidad. Aún si ya pagué mi crimen con carcel y multas, no importa. Sí tal ley inmigratoria decreta mi expulsión del país, así tiene que ser, pues el Congreso que la redactó tiene el poder plenario y total para pasar tal ley, siendo así constitucional y completamente legal si tiene una relación lógica a un propósito legítimo del govierno. Hemos visto casos de personas que cometieron errores hace muchos años y que aún habiendo pagado por ellos han sido deportados por consecuencia de las leyes inmigratorias. Y ahora mismo, personas que cometen errores también se les está deportando sin importar si tienene familias o si han cambiando. Y ¿porqué? Pues las leyes que exigen tales deportaciónes se justifican porque es una manera de librar al país de personas que han cometido crímenes. El propósito es de tener menos "criminales" dentro del país, y tal ley logicamente sirve para llevar a cabo tal fin. Sea cierto o no, tal ley es constitucional.

La trágica conclusión, entonces, es que las leyes inmigratorias de los Estados Unidos no tienen corazón. Y no tienen corazón pues ante estas leyes, nuestros derechos humanos mas básicos no cuentan. Bajo las leyes inmigratorias, si soy indocumentado no tengo el derecho humano a trabajar. Bajos estas leyes, si soy detenido -con o sin documentos-y acusado de ciertos delitos, no tengo el derecho básico a consultar con un abogado ó a un trámite justo ante un tribunal. Según estas leyes, si soy deportado por cierto tipos de crímenes, nunca puedo regresar legalmente a Estados Unidos, nunca mas puedo regresar a ver a mis hijos o a mis padres; y si lo hago ilegalmente, tal hecho se considera otro crimen -una felonía-que puede ser duramente castigada por la ley.

Sí, bajo las leyes inmigratorias de Estados Unidos muchas veces los inmigrantes podemos ser considerados menos que seres humanos. Este es el talón de Aquiles de la Constitución de este grán país en el que vivimos. Las injusticias mas grandes que se están cometiendo a nuestras familias por estas leyes inmigratorias son justificadas de una manera superficial y legalista, de una manera fría y ciega, de una manera inhumana y cruel. Los immigrantes -con y sin documentos-somos tan humanos como los que nacimos aquí; pero la ley nos puede tratar peor que a criminales si así se le antoja al Congreso de la Unión. Esta es la cruda realidad de las leyes inmigratorias que tanto se eschuchan en los medios de comunicación y entre nosotros mismos.