Las Leyes de Inmigación no tienen Corazón
Se habla mucho, y se escucha, de las leyes de inmigración en Estados Unidos. En la televisión nos presentan reportajes
de propuestas de ley para renovar la llamada ley "245i"; en la radio escuchamos a llamados expertos debatiendo la posibilidad
de una nueva legalización o "regularización" de las personas indocumentadas; en los periodicos leemos de las promesas que
hacen los políticos para los Hispanos, ahora que se acercan las elecciónes federales. Sí, se habla y escucha mucho sobre leyes
de inmigración; pero realmente se entiende poco de donde es que provienen estas leyes y como es que nos afectan a nosotros
como miembros de las comunidades inmigrantes de Estados Unidos. ¿Quién escribe estas leyes? ¿Bajo que autoridad lo hacen?
¿Como se determina si una ley inmigratoria está fuera de lo permitido al violar los derechos mas básico y humanos de los inmigrantes?
La respuesta nos lleva primero a la Constitución de los Estados Unidos. En ella, el Congreso de la Unión tiene la autoridad
plenaria y total de redactar leyes con respecto a la ciudadanía del país. Por lo tanto, de tal autoridad se deriva el poder
para hacer las leyes que afectan a las personas que, no siendo ciudadanos del país, estan presentes aquí; o sea, los inmigrantes,
tanto con documentos como sin documentos. El Congreso escribe las leyes que determinan quien puede entrar y vivir al país,
y bajo que circumstancias. Y esta autoridad completa y no se puede cuestionar mas que en un número muy limitado de circumstancias.
A diferencia de otros tipos de leyes -como las leyes que afectan el derecho a votar o de libre expresión-las leyes redactadas
por el Congreso con respecto a inmigración pueden justificarse siempre y cuando se pueda mostrar que se relacionan de una
manera lógica a un fín legítimo del govierno. Por ejemplo, las leyes que prohiben el empleo a personas indocumentadas se justifican
legalmente porque su propósito -según el Congreso de la Unión- es el de protejer los trabajos de aquellas personas que se
encuentran "legalmente" en el país. Sea cierto o no, es lógico pensar así; y esto es suficiente para que tal ley sea considerada
dentro de lo que la Constitución permite al Congreso hacer.
Es por esto que leyes que exigen la deportación de una persona que ha cometido cierto tipo de delitos se les considera
constitucionales. Aún si la persona es un residente legal, con muchos años en el país, con esposa e hijos ciudadanos, con
propiedades, con negocios propios, si se comite cierto tipo de crimen las leyes inmigratorias indican que tiene que salir
del país deportado: punto. En estos casos, no hay "perdón", no hay excepciones. Si yo soy residente legal, y cometo un error
de este tipo(como los ciudadanos también lo podemos hacer), no tengo derecho a apelar o a exigir que me den otra oportunidad.
Aún si ya pagué mi crimen con carcel y multas, no importa. Sí tal ley inmigratoria decreta mi expulsión del país, así tiene
que ser, pues el Congreso que la redactó tiene el poder plenario y total para pasar tal ley, siendo así constitucional y completamente
legal si tiene una relación lógica a un propósito legítimo del govierno. Hemos visto casos de personas que cometieron errores
hace muchos años y que aún habiendo pagado por ellos han sido deportados por consecuencia de las leyes inmigratorias. Y ahora
mismo, personas que cometen errores también se les está deportando sin importar si tienene familias o si han cambiando. Y
¿porqué? Pues las leyes que exigen tales deportaciónes se justifican porque es una manera de librar al país de personas que
han cometido crímenes. El propósito es de tener menos "criminales" dentro del país, y tal ley logicamente sirve para llevar
a cabo tal fin. Sea cierto o no, tal ley es constitucional.
La trágica conclusión, entonces, es que las leyes inmigratorias de los Estados Unidos no tienen corazón. Y no tienen corazón
pues ante estas leyes, nuestros derechos humanos mas básicos no cuentan. Bajo las leyes inmigratorias, si soy indocumentado
no tengo el derecho humano a trabajar. Bajos estas leyes, si soy detenido -con o sin documentos-y acusado de ciertos
delitos, no tengo el derecho básico a consultar con un abogado ó a un trámite justo ante un tribunal. Según estas
leyes, si soy deportado por cierto tipos de crímenes, nunca puedo regresar legalmente a Estados Unidos, nunca mas puedo regresar
a ver a mis hijos o a mis padres; y si lo hago ilegalmente, tal hecho se considera otro crimen -una felonía-que puede ser
duramente castigada por la ley.
Sí, bajo las leyes inmigratorias de Estados Unidos muchas veces los inmigrantes podemos ser considerados menos
que seres humanos. Este es el talón de Aquiles de la Constitución de este grán país en el que vivimos. Las injusticias mas
grandes que se están cometiendo a nuestras familias por estas leyes inmigratorias son justificadas de una manera superficial
y legalista, de una manera fría y ciega, de una manera inhumana y cruel. Los immigrantes -con y sin documentos-somos tan humanos
como los que nacimos aquí; pero la ley nos puede tratar peor que a criminales si así se le antoja al Congreso de la Unión.
Esta es la cruda realidad de las leyes inmigratorias que tanto se eschuchan en los medios de comunicación y entre nosotros
mismos.